Caramelos Fantásticos y dónde encontrarlos



Imagínate que, un día cualquiera, te encuentras de repente fatal. El dolor de cabeza te atormenta hasta el momento más placentero día. Al volver a casa le cuentas a tu pareja qué te sucede y cómo te sientes por este repentino problema físico. Él/Ella te dice con gran convencimiento que tiene algo que va a aliviar, de forma rápida y efectiva, tus dolencias. Sin embargo, a ti te parece una pastilla cualquiera, como de si un Paracetamol o Aspirina se tratara. Convencido, coges un poco de agua y tragas la bendita. Al cabo de unos minutos empiezas a sentirte mejor: tu dolor de cabeza disminuye drásticamente. Con gran alegría, al cabo de unas horas, le dices a tu pareja lo agradecido que estás, ¡parece un milagro! Tu pareja comienza a sonreír algo burlón/a y te dice: “ya veo que ese caramelo de azúcar que te di es milagroso y todo”… Para tu asombro, comienza a aparecer el mismo dolor de cabeza, con fuerzas renovadas y no sabes el porqué. Te diré el porqué: has recibido un Placebo.
 
Esta historia es un ejemplo de cómo operan nuestras expectativas y creencias a la hora de recibir lo que parecía ser un medicamento normal. En este caso, lo que ha tomado nuestro personaje es un placebo, el cual es un tipo de sustancia sin efectos “curativos” de por sí. Se les considera un quebradero de cabeza cuando se investiga la efectividad de un fármaco, ya que influyen en el efecto futuro que puede tener. Es por ello que se trata al placebo como algo negativo. Pero, ¿por qué tomar este efecto como un enemigo? 

Cuando recibimos información positiva sobre el efecto que tendrá consumir o tomar un determinado medicamento, sentimos como si hiciera más rápido el efecto o con mayor fuerza. No es otra cosa que nuestras propias expectativas que nos ayudan a preparar nuestro cuerpo para la sustancia que vamos a tomar, proporcionándonos una sensación de bienestar.

No sólo ocurre este efecto cuando nos dicen lo bueno y maravilloso que es un determinado medicamento. Muchas veces simplemente al recibir atención de un médico cualificado, que usa unos procedimientos habituales en enfermería o que realiza varias veces algún procedimiento determinado que nos fue bien con anterioridad, nos supone una mejoría. En estos caso estamos cayendo, otra vez sin saberlo, en el efecto del placebo. 

Pero no solo el efecto del placebo es positivo para lo que vayamos a recibir. Al igual que comentar la eficacia del supuesto medicamento que vamos a tomar o el seguir unos métodos que aceptamos como “profesionales” nos hacen bien, la información de que un fármaco o método nos va a producir consecuencias negativas, creer que nos va a producir malestar o empeoramiento, también produce ese mismo efecto. Este es el caso del efecto Nocebo.

Quien consigue controlar bien ambos efectos podría cambiar las consecuencias  que la persona espera sobre la mejoría o el empeoramiento de sus problemas, tanto físicos como emocionales. Por ello, es más que probable que algún supuesto gurú o experto en “medicina alternativa tradicional” nos haya manipulado haciéndonos creer que nos había curado (de hecho, es la panacea de muchas pseudociencias y otras prácticas no profesionales). Por tanto, tenlo en cuenta para la próxima vez. Creer o no sobre lo buena o mala que va a ser la próxima aspirina puede ayudarte.

Alejandro Guzmán

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