La Cara y la Cruz del Deporte




       ¿Cuántas veces has escuchado o leído eso de que “el deporte es salud o el deporte es vida”? Millones, sino trillones. Pero, ¿el deporte siempre es bueno o es tan sano como nos hacen creer? El deporte ni es bueno ni es malo, es un contexto neutral que según el ámbito al que vaya dirigido puede ser saludable o no. Es cierto que la actividad física, la cual no debe confundirse con el deporte aunque pueda formar parte de él, tiene una correlación positiva con diversos procesos mentales/cognitivos, como la atención, percepción, memoria y aprendizaje; así como el estado anímico, además de conllevar un buen estado de forma física. 

     Sin embargo, para hallar la cara oscura del deporte no es necesario desplazarse muy lejos, solo hay que echar un vistazo en los estadios de fútbol base de nuestras localidades o buscar en la web acerca del ambiente que se suele respirar en estos sitios, un ambiente lleno de hostilidad y agresividad, en el que es habitual encontrar noticias acerca de jóvenes árbitros agredidos por parte de algún padre energúmeno o cualquier miembro del cuerpo técnico de alguno de los clubes presentes. Un ambiente invadido por “padres hooligans”, que llegan a amenazar e insultar a los chicos del equipo rival e, incluso, entre los propios padres de ambos equipos. Y lo peor de todo es que los niños son testigos de ello, siéndoles inculcados un modelo de conducta completamente erróneo, el cual van imitando con el paso de los años ascendiendo de categoría, llegando a ser más y  más agresivos, carentes de respeto y de consideración al rival, llegando a ser instigados a practicar incluso el “juego sucio”, como tratar de engañar al árbitro con el fin de ganar a toda costa. 

        ¿Aún sigues pensado que el deporte siempre es bueno? Porque todo lo que te he contado forma parte de él, no es solo la actividad física, sino el ambiente por el que es promovido. En mi opinión personal, para esto mejor que no haya fútbol, así se evitarían bastantes desgracias.

 Por otra parte, podemos encontrar a aquellos padres que se creen que “tienen a Maradona” en casa, es decir, visualizando las dotes futbolísticas en su hijo llegan a depositar toda la fe en él, de que “los va a sacar de pobres”, exigiéndole incluso al entrenador que su hijo siempre debe ser titular y debe jugar en una posición concreta, la cual puede estar cubierta de antemano, llegando a conflictos internos, disputas entre padres y entrenador. Muchos padres intentan que sus hijos lleguen a ser profesionales en este deporte para cumplir sus propios sueños de cuando eran niños. Sin embargo, ni el uno por cierto de los chavales del fútbol base de una provincia en concreto llega al fútbol profesional. 

 Ahondando más en la oscura del deporte, también existen aquellas personas obsesas del gimnasio que ponen en riesgo su propia salud física a base de ingesta de productos nocivos para órganos viscerales, como hígado, riñones, estómago, etc. Además de dejar a un lado su vida social priorizando la actividad físico-deportiva del gimnasio a la par que estar esclavizados por dietas estrictas y restrictivas.

 Por su parte, deportes como las artes marciales, las cuales se suelen relacionar con la violencia, inculcan valores como respeto y consideración hacía el rival y el prójimo. O en otras ramas deportivas, donde abunda la deportividad y el apoyo recíproco, como puede ser el atletismo, ya sea en el mismo club o entre clubes, creando así un ambiente saludable, el cual conlleva un crecimiento físico y personal que puede ser vital para aquel que lo practique. Una de las grandes razones por la cual no se deberían castigar a los niños con prohibir practicar deporte en caso de que, por ejemplo, no saque buenas notas en el colegio, sería esta, ya que ello le negaría una oportunidad de crecer tanto como deportista como persona.

 En conclusión, anima a tus hijos, primos, hermanos, sobrinos, incluso anímate a ti mismo a practicar deporte, siempre que lo hagas desde lo saludable, enfatizando la parte positiva del mismo que, como todo sabemos, existe.

David A. Escaño-Báez

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