Escritura como Terapia: Cuando puedes ser J. K. Rowling y no lo sabes...




Toda aquella persona que sea mínimamente fan de las novelas de Harry Potter sabe que su autora, antes de comenzar a escribir estas obras, padecía de una Depresión bastante grave e incapacitante. ¿Qué hizo para combatirla? Nada… simplemente comenzó a escribir la saga de novelas infantiles más leída y vendida de todos los tiempos… ¿tonterías verdad? Dentro de las novelas, una de las criaturas mágicas más famosas: los Dementores, son una representación, una metáfora, de la enfermedad mental que sufría la propia Rowling. Por tanto, ¿no sería útil utilizar la escritura como forma de terapia para la recuperación de problemas de salud mental?

La Terapia Escrita se define como aquella expresión o reflexión escrita por parte de una persona, ya sea de forma autogenerada (es decir, porque ella misma se ponga a escribir por su cuenta) o a petición de un terapeuta (que sea este el que le imponga escribir sobre algún tema en concreto). Realmente, tras muchos estudios que podríamos citar aquí, pero no creo que sea el momento, se sabe que la Terapia Escrita tiene realmente eficacia per se. Ahora bien, ¿Por qué funciona? Sólo Dios, Alá, Yahvé o quien sea que esté allí arriba lo sabe. Lo que sí existen son ciertas hipótesis dependiendo de la corriente psicológica que lo explique:

-       Conductismo: Pongamos como ejemplo un evento traumático, a saber una persona sufre una violación sexual. Al escribir sobre ese evento traumático, la persona se está “habituando” en cierta manera al relato, lo que hará que su activación ante el recuerdo del evento sea menor. 

-       Cognitivismo: Siguiendo con el ejemplo anterior, la persona, al escribir sobre ello, le ayudaría a integrar dentro de su cerebro el evento ocurrido de una manera más fácil que si no hiciera nada al respecto, por lo que pasaría a formar parte de sí misma, de sus experiencias puesta en contexto, lo que disminuiría la culpa, el malestar…, ya que ahora lo vería como algo puntual, que no ocurrió por su culpa y que no tiene por qué volver a pasar.

-       Humanismo: dentro de esta corriente se estaría hablando de una “catarsis emocional”, es decir, al escribirlo estamos dando rienda suelta a nuestras emociones y sentimientos, por lo que serviría como una forma de “desahogo” con el papel y el lápiz. 

Como he dicho, no se sabe por qué funciona. Si me preguntáis a mí por cual me decanto, no podría daros otra contestación que por las tres a la vez, ya que son mecanismos totalmente complementarios.
Para terminar, decir que a pesar de que hemos utilizado el término “Terapia”, desde mi opinión sería mejor llamar a la escritura “Técnica”,  para que pudiera ser integrada en cualquier tipo de terapia, sea del corte psicológico que sea. ¿Por qué? Porque la escritura ayuda en cualquier tipo de problema de salud mental y de salud, en general. Por tanto, ¡escribid, amigos míos, escribid! Nunca sabremos si de vuestros traumas puede nacer algo precioso y bonito, convirtiéndoos en un escritor/a famosos. Y si no siempre te quedará el beneficio intrínseco de esta terapia/técnica. Menos da una piedra… 
 
C. J. Sánchez-Gil

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