Los Juicios y sus 5 sentidos




¿Mienten deliberadamente los testigos? ¿Tienen en cuenta las condiciones objetivas del suceso? ¿Por qué identifican a alguien sin estar completamente seguros? ¿Acaso se vincula la seguridad del testimonio con su fiabilidad? ¿Por qué se le da tanto peso? Son cuestiones que solemos plantearnos, sin embargo, a pesar de todas las dudas que ello pueda acarrear, los testigos poseen una vital importancia como “fuerza probatoria” en un juicio, ya que ni los magistrados, ni abogados, ni demás juristas, suelen tener en cuenta las condiciones psicológicas las que conlleva el momento de la declaración en el interrogatorio.

            Para empezar, habría que diferenciar entre testimonios honestos y deshonestos. Los primeros son aquellos que se tiene en cuenta ciertos aspectos de la psicología cognitiva del sujeto que emite dicho testimonio, ya sea la atención, percepción, memoria, razonamiento y lenguaje, así también, factores como los relacionados con el suceso, el mismo testigo y el interrogatorio. Por su parte, los deshonestos únicamente tienen en cuenta la construcción y  exactitud de las declaraciones, lo cual puede ser bastante peligroso, dado que no por el hecho de que la declaración sea segura significa que haya una relación directa con su fiabilidad. Por ejemplo, en el caso de personas que pueda presentar ciertos rasgos de psicopatía, quienes dominan los nervios de una situación tensa, permitiéndoles construir mejor cada una de las partes de dicho testimonio y su ausencia de sentimientos de miedo y culpabilidad.

            La persona, en ocasiones, puede realizar afirmaciones erróneas por culpa simplemente del funcionamiento de su mente. Y es que ésta se ve influenciada, por nuestros propios pensamientos, o por comentarios de otras personas que pueden distorsionar el recuerdo, o mediante preguntas contaminantes del agente, abogado, fiscal o magistrado, como puede ser por ejemplo “¿qué llevaba el sujeto agresor en la mano?”, cuando puede que el agresor ni si quiera tuviese mano. A parte, la información se puede tergiversar por dos motivos: la gran demora de las declaraciones, ya que el paso del tiempo produce olvido y con ello se pierde mucha información relevante, o la presión a la que se le somete al sujeto, que puede provocar la denominada amnesia psicógena, es decir, no acordarse de nada por los nervios, a pesar de que la ley afirma que se debe testificar en un plazo próximo establecido.

            A los factores que influyen a la persona cabe añadir los factores del suceso, aquellos que tienen que ver con los hechos y el entorno, como la iluminación, el tiempo que transcurrió durante el evento (que se puede sobreestimar por el estrés o la ansiedad). Como parte de estas influencias, también se puede observar como los detalles importan (tatuajes, piercings…), tanto que puede llevar a confundir al culpable con otra persona de características parecidas, o pueden absorber tanto que se olvida toda la información sobre el evento, como ocurre con las armas cuando alguien las usa en un delito.

Por último, existen varias formas de influir sobre la veracidad de lo que nos cuenta el testigo, como el propio estrés de dar testimonio o las ideas prejuiciosas, es decir, suponer que el sospechoso de peor aspecto inició el conflicto. Al margen de estos factores, la seguridad que tenga el testigo sobre su testimonio puede influir mucho. Una alta seguridad suele conllevar una mayor exactitud, mayor recuerdo de la cara del autor y mayor credibilidad, PERO mayor tendencia a la culpabilidad. Y por el contrario, si el testimonio reconoce tener dudas, es menos exacto, posee una peor memoria sobre la cara del autor, pero, suele tener menor tendencia a la culpabilidad. 

            Y viendo todas las posibles influencias sobre el testimonio de un testigo la pregunta es: ¿se facilita un testimonio veraz? El hecho es que justo en el momento anterior a realizar el interrogatorio, los jueces deben advertir al testigo de su obligación de decir verdad bajo juramento, violando así las recomendaciones psicológicas que crean un ambiente relajado, y conllevando más presión a aquellos testigos que ya sean nerviosos de por sí o tengan poca seguridad sobre lo que van a declarar.

David A. Escaño-Báez

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