No Me Juzgues por Mi Forma de Amar...





Tres breves historias que reflejan los estilos de apego en la vida adulta, los cuales son seguro, ansioso-ambivalente y evitativo.

              Juan Luis lleva cinco años con su novia, una relación duradera y sin grandes altibajos, nunca ha sentido una gran necesidad de aprobación por parte de su pareja, es decir continuos “te quieros” y demás, sabe que siempre puede contar con el afecto de su chica, por lo que no presenta una gran necesidad de una continua aprobación. Posee una gran autoestima, antes de empezar a salir con su actual novia, sabía encajar el tiempo que estuvo sin emparejar, siendo consciente de que podía contar con el apoyo de su familia, amigos, compañeros y demás seres cercanos, y actualmente con su relación sentimental. De niño, sus padres siempre le proporcionaron los cuidados básicos necesarios, incluidos por supuesto, las necesidades de apego, siendo vital para su desarrollo emocional, lo cual hoy día se puede ver reflejado con su vida de pareja, no mostrando celos injustificados y valorando el tiempo que pasa tanto con ella, como con su familia y amigos. Juan Luis es un claro ejemplo de apego seguro y organizado, que no sólo influye en su vida social y de pareja, además supone un desarrollo favorable de su autoestima, la cual influye en otros campos con el académico en su día y actualmente laboral.

              Natalia es una chica de 24 años, ha tenido innumerables parejas, en las cuales, en muchas de ellas, llegó a sufrir maltrato físico y/o psicológico, apenas es capar de estar meses sin una pareja por la cual se sienta allegada, teniendo una continua necesidad de aprobación dada su baja autoestima y sus continuas dudas existenciales. De niña, no tuvo un continuo cuidado por parte de sus progenitores, lo cual llegaba a sentirse abandonada con bastante frecuencia, su madre a pesar de prometerle que nunca la abandonaría, continuamente se veía forzada a dejarla en la guardería o al cuidado de sus abuelos o alguna vecina por sus intensas jornadas laborales, su padre falleció cuando apenas tenía tres años, lo cual le conllevó a una falta de referente paterno. Esa necesidad de cariño, del cual se sintió falta en su momento, se viene reflejada hoy día por la necesidad abrumadora de estar con alguien, sin apenas ser selectiva, y no caer en la cuenta de caer en una relación tóxica de pareja, o de cuando encuentra a alguien decente, verse absorbida por celos injustificados y miedo al reemplazo y/o abandono, llegando a avasallar constantemente a su pareja, la cual llegaba a un punto a sentirse quemada y por consiguiente, abandonarla finalmente, mermando aún más su autoestima y un incremento de su necesidad de apego. Natalia piensa que el amor es algo maravilloso y que no cualquiera lo encuentra, por lo que le lleva a aferrarse a cualquier oportunidad para conseguir una pareja y ese amor ansiado, todo ello viene precedido por un estilo de apego desorganizado en su niñez, mermando así su introspección, autoestima y autoconcepto, no sólo viéndose incapaz en el ámbito del amor, sino que además en el ámbito social, sintiéndose incluso abandonada por sus amigos y no ser capaz de verse capacitada para el desarrollo de un trabajo cara al público. Continuamente se ve utilizada como medio para fines sexuales, lo cual reduce la confianza en citas a la hora de conocer a posibles pretendientes, además de verse aún más incapaz de desarrollar sus habilidades, al verse valorada solo por su físico.

              Rubén nació por accidente en el seno de una familia de pocos recursos, nunca recibió el cariño ni afecto de sus padres, la relación con ellos es y siempre fue fría y distante, no le inculcaron unas pautas de educación aceptables socialmente. Ello conllevó a que nunca valorase la necesidad de apego ni afecto, ni a intimar, cree que el amor es un invento de los poetas románticos, en su adolescencia se vio “coqueteando” con las drogas a fin de hallar nuevas sensaciones placenteras. Las pocas veces que ha estado emparejado, nunca le prestó demasiada atención a su pareja sentimental, la cual se veía desatendida, abandonada, lo que conllevó finalmente a la ruptura, mientras Rubén veía más prioritario a su humilde trabajo y sus hobbies que sus relaciones de pareja. Nunca ha expresado necesidad de afecto ni de intimar, pero en el fondo, realmente, se sentía muy solo, con una autoestima muy baja a pesar de mostrar seguridad a la hora de tomar la mayoría de sus decisiones en la vida.

              A modo de conclusión personal, cada uno tenemos una forma distinta de amar, puede ser por los cariños recibidos en nuestra niñez que condicionan nuestra personalidad, conllevándonos a mendigar algo de amor, o bien puede ser genético, es decir, a pesar de recibir todo apego posible de niño, no tener necesidad de él ni ofrecerlo. Así que a la hora de conocer a una posible pareja, vendría bien conocer su historial de apego de familia, para hacernos una posible idea de cómo sería una relación con nuestro pretendiente, si va a presentar excesivos celos injustificados acompañados de absorción y manipulación, o bien una pasividad extrema, llegando a la sensación incluso de no tener pareja.

David A. Escaño

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Historia del Algarrobo: Cuando la Personalidad es Peligrosa