Salud Mental: Esa Gran Conocida
Se nos llena la boca y los oídos hoy en día escuchando
frases como: “Tener una buena salud mental es imprescindible” o “Si quieres
tener una buena salud mental haz esto o aquello” o también “Las personas con
salud mental tienen mejores resultados” pero, ¿alguien se ha parado a decirnos
qué es tener salud mental? Tranqui, “peña”, aquí estoy yo para contároslo.
Sinceramente, si no hubiera sido por mi Trabajo Fin de Grado yo sería un
ignorante más de lo que es la Salud Mental y, de hecho, mientras me documentaba
para realizar mi trabajo me resultó una odisea encontrar algún sitio donde se
definiera bien qué es, por lo que tuve que coger un poquito de aquí, un poquito
de allá. Ahí va lo que encontré.
La primera fuente que siempre sale al buscar “Salud Mental”
es, como no podía ser de otra forma, la Organización Mundial de la Salud (OMS)
la cual define, de forma magistral a mi parecer, sin atisbo de dudas, que la
salud mental es el estado de bienestar “mental” de una persona (Por favor, no
olvidéis aplaudir a esta gran definición).
Como habéis podido comprobar no me quedó muy claro, por lo
que tuve que indagar mejor y, tras leer varios trabajos, llegué a la conclusión
de algo indispensable para entender el término: la salud mental no existe, es
etérea, lo que verdaderamente existe son personas con o sin salud mental. Por
tanto, ahora os estaréis preguntando qué características debe tener una persona
para poseer un grado aceptable de este constructo. Veámoslo. Las personas con
salud mental deben poseer:
-
Un ajuste
activo, con control de sí mismas: lo cual no es otra cosa que decir que
deben ser personas flexibles, que se adapten a la mayoría de situaciones que le
lleguen, teniendo recursos para abordar los problemas con el que nos
enfrentamos todos en el día a día.
-
Ser
realistas sobre sí misma y el mundo: mucho se habla hoy en día de la
necesidad de tener siempre una actitud positiva y yo no soy nadie para destruir
vuestros corazoncitos de Mr. Wonderful, pero no se trata de poner siempre “al
mal tiempo buena cara”, sino de ser realista. De saber dónde están tanto
nuestras virtudes como nuestros límites y, por supuesto, los del mundo, los de
las personas que nos rodean. Si sabemos cuánto podemos dar de sí, sabremos
estirarnos hasta alcanzar el mayor rendimiento posible. Por tanto, para ello es
muy importante el autoconocimiento y la autoobservación.
-
Cierta
unidad e integración personal estable: para tener un grado de salud mental
aceptable necesitamos cierta estabilidad en nuestra forma de actuar, en nuestra
forma de ser, en nuestra vida. Una persona que sufre un terremoto, la muerte de
un familiar y una violación le será bastante difícil poder alcanzar un nivel
adecuado de salud mental. Se necesita vivir en un entorno que cubra nuestras
necesidades y nos ayude a promocionar.
-
Y, por
último, tener un bienestar psicológico y personal: en definitiva, tener un
sentimiento subjetivo de calidad de vida. Sentir que nuestra vida vale la pena.
Sentir que, si no es del todo plena, porque la felicidad eterna no existe, sí
somos personas estables, flexibles, realistas, activas… Todo lo anterior no
sirve de nada si una persona no se ve a sí misma como motor de todo y con el
sentimiento de calidad de vida. Todo lo anterior es el caldo de cultivo
perfecto, pero somos nosotros quienes debemos dar el paso último de la salud
mental.
Espero que, como yo, hayáis aprendido un poquito más de lo
que es la Salud Mental, que quede más claro el concepto que queremos trasmitir
y que pongáis en práctica estos cuatro simples puntos. Y como decía un profesor
al acabar cada clase: ¡Sed Felices!
C. J. Sánchez-Gil

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